EL LABERINTO DE LA DIOSA

Situado sobre el túmulo que da acceso a la torre de Miguel Arcángel se encuentra el laberinto iniciatico de la diosa Blanca de las Druidesas. Su recorrido siempre fue un camino iniciatico para las Sacerdotisas y los Sacerdotes celtas.

La colina sobre la que se encuentra el Tor, está formada por un camino ritual creado de forma artificial y con fines iniciáticos por los Druidas y Druidesas: fue concebido como un laberinto y llamado el Laberinto de la Diosa.

Era (y sigue siendo) un camino de recorrido circular para realizar una meditación hacia el encuentro del propio interior, estando en movimiento, llegando al centro de uno mismo, sintiendo y regresando renovado una vez que se alcanza el centro, en cuyo centro está el TOR; recorriendo, a modo de espiral, el ciclo de la vida, el ciclo del nacimiento-muerte, el ciclo de las reencarnaciones, estando dentro de una figura geométrica sagrada y perfecta, femenina, como un útero…y en su centro: la fuerza, el principio masculino… EL TOR.

Visto desde arriba, el Laberinto de la Diosa, esta colina, tiene forma de vulva y justo en su centro esta penetrada por la torre como símbolo receptivo de las fuerzas cósmicas.

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En el centro de la torre, desde su interior, se siente, hasta se puede tocar, una energía fuerte y amorosa que llega desde el cosmos.

No es extraño que a este lugar se le atribuyera la puerta desde donde se entraba al mundo de la Diosa, a la realidad de las Sacerdotisas que guardan el Templo de la Energía Femenina.

Este laberinto tiene 7 niveles, número iniciático, mágico y especial para el ser humano y sus ciclos de vida.

Si entras en meditación aquí, podrás llegar a escuchar los cantos de las Sacerdotisas flotando en el aire aun… quien sabe… quizá fuiste una de ellas y te resulta fácil recordarlo… estás en uno de los lugares más mágicos del planeta Tierra y de los más antiguos. A través del canto se producía una vibración muy especial que generaba la energía necesaria en longitud de onda para que las realidades paralelas estuvieran conectadas.

Se daba además, de manera sincrónica, junto con otros dos puntos telúricamente fuertes (Anglesey en Gales y Iona en Escocia) un triángulo energético capaz de elevar la vibración de toda la tierra celta para honrar a la madre tierra, a la naturaleza y a los templos etéricos y los seres de Luz que apoyan la evolución en este plano y en este planeta. Se dice que este canto jamás cesaba. Las monjas católicas continuaron con esta costumbre aunque con expectativas diferentes (borrar los pecados del mundo) en sus maitines y cánticos de alabanza al Señor Dios del Universo.

©Nina Llinares
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